
La medicina tradicional, desarrollada principalmente en el contexto de la cultura occidental, se centra de manera prioritaria en la identificación y el tratamiento de los síntomas, interviniendo cuando el trastorno o la patología se manifiestan. Este enfoque, orientado a la respuesta clínica, ha puesto históricamente menos énfasis en la prevención continua y en el mantenimiento del equilibrio general del organismo. La medicina natural, inspirada en gran parte en sistemas antiguos como la medicina tradicional china, se fundamenta, en cambio, en una visión preventiva y sistémica del bienestar. A través de los principios de homeostasis y de la integración entre cuerpo, mente y energía vital, considera la salud como un proceso dinámico que debe sostenerse en el tiempo, favoreciendo el equilibrio interno y la capacidad natural del organismo para autorregularse.

La fitoterapia se basa en el uso de plantas, hierbas y extractos vegetales para apoyar las funciones naturales del organismo y favorecer el mantenimiento del equilibrio general. Este enfoque pone en valor la acción sinérgica de los complejos vegetales, en los cuales las diversas sustancias activas operan de manera integrada y coordinada. En la medicina natural, la fitoterapia se emplea como un soporte orientado a la prevención y al bienestar, considerando al organismo como un sistema dinámico. El uso de los preparados vegetales tiene en cuenta las características individuales, las modalidades de uso y el empleo correcto, integrándose en una visión consciente que no sustituye a la medicina convencional, sino que complementa su enfoque respetando el equilibrio fisiológico.

La dermocosmética y la nutricosmética representan dos enfoques complementarios para el bienestar y la calidad de la piel, actuando respectivamente desde el exterior y desde el interior del organismo. La dermocosmética desarrolla productos cosméticos de uso tópico formulados con ingredientes funcionales, diseñados para proteger, apoyar y respetar la estructura de la piel y sus características. Por otro lado, la nutricosmética utiliza principios activos seleccionados para apoyar desde el interior los procesos fisiológicos relacionados con el equilibrio y la apariencia cutánea. Ambos enfoques se integran en una visión global y preventiva del cuidado de la piel, como soporte al bienestar general, sin fines terapéuticos.